jueves, 22 de marzo de 2012

De cómo se canta para sobrevivir

Se llama José y tiene 83 años. Se subió a la camioneta con un chin-chin en la mano y en la otra una armónica. Camina despacio, cansado. Al hablar lo primero que me llamo la atención fue su voz clara y su sonrisa sin dientes. Lejos de un mensaje bíblico, o basado en la Biblia para mejor describirlo, su mensaje era de optimismo para construir un mejor país. Ser buena gente dijo, y me pareció sincero.


Claro está que su intención era obtener dinero. Para ello, cantaba. Aseguró, a manera de presentación de su canción que el café de Guatemala era el tercero mejor de mundo, “Después del de Colombia y Brasil”, explicó. Interpretó, con el Chin-chin y la armónica, una melodía que aseguró se llama El Cafetalito. No supe reconocerla, quizá porque él no la interpretó bien o porque yo no la conocía de antes, no lo sé.


Dos cuadras más adelante se subieron dos jóvenes. Un hombre y una mujer, no eran pareja porque el bromeo diciendo que ella no era bonita y ningún hombre sensato le hace esa broma a su novia. En fin, que tenían la misma intención que don José. Hablar bonito de Guatemala, dar un mensaje de optimismo y cantar, para obtener dinero, claro. La verdad me pareció más sincero Don José y por ello me fue más fácil hablarle para saber su nombre y su edad. A ellos, no me atreví a hablarles, pero sé, porque él lo dijo, que ella se llama Andrea.


No me atreví a hablarles para saber su edad y las razones para tratar de ganarse la vida cantando en los buses, primero porque tengo una timidez no propia de un periodista, una maldición que me acompaña siempre, y segundo porque cantaron una canción que no me gusta: Eres para mí de Julieta Venegas. ¿Qué porque no me gusta? Bueno, es una larga historia no digna para ser contada en la primera publicación de este blog pero la resumiré diciendo que se la dedicaron a una ex novia, un mes antes de que me dejará, para salir con quien se la dedicó. La vida, en su pura esencia.


En fin, que viendo dos presentaciones musicales tan parecidas y a la vez tan contrarias en menos de 10 cuadras sobre la decima avenida de la zona 1 me hace pensar que algo muy malo debemos haber hecho en este país para que la sociedad empuje a dos generaciones a intentar ganarse la vida de la misma manera: cantando en los buses.


Y no es que quiera hacer ver como que aquello es malo, como tampoco me parecen malos las decenas de vendedores de cualquier cosa que suben al bus. Pero estoy seguro que el sueño de Andrea y su amigo no es el de ser cantantes en las camionetas y también estoy muy seguro que don José no planeó terminar a los 83 años interpretando con una armónica su versión de “El Cafetalito”, que ahora sospecho que es “El Carnavalito”.


Y estoy seguro porque la gente a penas les puso atención. Seguían con la mirada hacia la ventana. A penas levantaron el rostro para observarlos un segundo y siguieron a lo suyo. Nada de aplausos al final, si algunas monedas.

Y es justo esa indiferencia la que me dejo a mí pensando. Este país, muchas veces, parece que se nos va a la mierda. Hay señales inequívocas pero la gente no las quiere ver.


Pocas personas se dan cuenta que Guatemala se nos termina de ir al carajo, y de las que se dan cuenta y están conscientes, en su mayoría no les importa o lo que es peor, les favorece.


Así, mientras nosotros, sobre todo los jóvenes con acceso a Internet, perdemos el tiempo viendo que vinieron los ancianos del futbol europeo, defendiendo y atacando a Arjona o pensando en el sueño guajiro de que en Centroamérica pueden ser legales las drogas, Don José, Andrea y su amigo siguen cantando en los buses por unas monedas.


Eso sí, siguen sonriendo mientras cantan, al final, ellos mismos deben ser de la gran mayoría que no entiende porque estamos tan jodidos, porque en este país no se vive, sino toca sobrevivir a diario.

1 comentario:

  1. Vos, qué huevos lo de tu exnovia! :D
    Seguí escribiendo mijo que para eso sos bueno, abrazos y quedo esperando la próxima publicación.

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