Casi pierdo
la esperanza la semana pasada. La muerte, angustiosa e incesante, se cobró
vidas tan inocentes en un país que cada vez parece más hecho de mentiras que no
deja lugar para la vida.
Su nombre
era Katherin Julissa. Tenía tres años. Hacia sus tareas, pintaba inocente en la
sala de su casa. Se paró para tomar agua junto a la pila en el patio de su casa
cuando una bala, estruendosa, rompió la puerta y le dio en la cabeza. Después,
42 horas de lucha contra la muerte, que perdió. Es la vida de este país rompiéndose
en mil pedazos.
También la
semana pasada murió un hombre a balazos porque le toco la bocina a otro. A un
idiota con pistola, como tantos hay en este país y en el mundo. Un idiota que
no sé cómo duerme por las noches después de aquel día. El hombre muerto había salido
a buscar la vida, o al menos una más digna, porque se dirigía a una entrevista
de trabajo. La vida, de nuevo, valiendo menos que nada.
Ayer, para
hacer un ejemplo más cercano, dos niñas de 14 y 16 años aparecieron muertas,
luego de ser violadas, por negarse a pertenecer a una mara. ¿Qué opción de vida
tenían las dos en este país?
Y así, como
muchos otros que conozco llegue a un punto insalvable. Un mal humor masticado,
una decepción por un país que no cambia, pero que sobre todo no quiere cambiar.
Allá iba la gran parte de la población convencida que el único interés por la
violencia sea que hoy no les toque a ellos el ladrón en el semáforo o quizá la
bala perdida. Pero sin fondo, sin discusión, resignados, queriéndose embobar en
conciertos, en espectáculos ajenos, queriendo vivir en burbujas. Yo no quiero ser
uno de esos resignados, me rehusó a serlo.
Este país,
mi país, se merece algo mejor. Pero es que a veces, de verdad, oír las
noticias, pero sobre todo ver como todo sucede, sin que en realidad suceda algo
es angustiante y no deja dormir bien. ¿En
qué país del mundo no sería la portada de TODOS los medios escritos la muerte
de una niña por una bala perdida adentro de su casa? ¿En qué país del mundo eso
no amerita una inmediata discusión sobre la portación de armas de fuego?
En este,
donde sonar la bocina puede costarte la vida, pero en qué país del mundo en
lugar de que eso amerite una discusión seria, lo que provoca es que toda la
gente, y hasta periodistas irresponsables, pidan que no toquemos más la bocina.
Nadie, o muy poca gente, planteó la necesidad de regular las armas, pero todos,
o mucha gente, pidió no volver a usar la bocina. Este país es el mundo al revés.
Así, en
todo lo que escribí no hay ninguna esperanza, y es que yo mismo creí haberla perdido
antes del fin de semana. Me la devolvieron cuatro niños. Mi sobrina diciendo “me
guta” a todo lo que mira, con una sonrisa tan encantadora que te da fuerzas
para seguir. El sobrino de alguien a quien quiero mucho que sonríe y se
disfraza con la inocencia de quien se va a comer el mundo, quizás no hoy, pero
seguro mañana. La voz encantadora de la hija de una mis mejores amigas que cree
que yo soy bonito. Y, por último, la sonrisa en fotos del hijo de uno de mis
mejores amigos, una sonrisa pura que me recuerda la sonrisa de niños de 11 años
que teníamos cuando mi amigo y yo nos conocimos y teníamos tantos sueños.
En efecto, en
este texto no hay esperanza. La única, la importante, la verdadera esperanza
está en esos niños. En que nuestros esfuerzos se encaminen a brindar un mejor
país para ellos. Proponiendo, discutiendo las cosas importantes. Cuanta más
gente despierte y se cuestione sobre el uso indiscriminado de las armas en
lugar de por qué bocina alguien, cambiaremos.
En la medida en que abramos los ojos más allá de
los lugares comunes y la gente se cuestione cosas de fondo como el porqué de las
medidas represivas de este gobierno y el abandono de medidas de prevención y
apoyo a la juventud entonces quizá el cambio sea posible. La esperanza, es al
final de cuentas, que este mundo cambie y que cuando se lo entreguemos a esos
niños que me devolvieron el ánimo esta semana las condiciones sean mejores,
para que las manos de esos niños sean seguras para construir un mejor porvenir.
Eso espero.