jueves, 3 de mayo de 2012

Santa Cruz Barillas: Donde se desayuna con el periódico del día anterior


¿Alguien puede, con certeza, explicar que ha sucedido las últimas 48 horas en Santa Cruz Barillas, Huehuetenango? ¿Por qué una población civil decide (y se atreve) atacar un destacamento militar?

Estas son preguntas sin respuestas para este momento. Los últimos reportes oficiales de las autoridades dan cuenta de que entre las capturas hay una anciana de 74 años y otra mujer de 42. ¿Son ellas un riesgo para la seguridad del país? ¿Era necesario un Estado de Sitio para capturarlas?

Barillas siempre me remite a una anécdota de la primera vez que lo visite. Estaba desayunando a media cuadra del parque cuando un niño pasó vendiendo Prensa Libre. Me paré y llamé al niño y le pedí el diario. Me entregó, a las 8 de la mañana, el del día anterior. Yo, que al final por más que conozca muchas aldeas sigo siendo un capitalino torpe, se lo devolví y le dije: “No, dame el de hoy”. El patojo me dedicó una de las miradas de mayor desprecio que recuerdo y me contestó con mucha ironía: “¿Cómo querés la prensa de hoy si viene hasta las 4 de la tarde?”

Ese es el municipio que hoy dormirá, por segunda noche, con una presencia casi sin precedentes de policías y elementos del Ejército. Y es del lugar donde nacen estas preguntas sin respuesta. Sin embargo, la razón de no poder responder estas preguntas es mucho más profunda. Durante años los sucesos en el interior del país son vistos desde la Ciudad Capital con un aire de distancia demasiado grande para provocar interés significativo y de esto, mucha, si no es que toda, culpa la tienen los medios de comunicación.

Para un país con 22 departamentos debería ser indispensable contar con, al menos, un noticiero de alcance nacional con sede en el Interior del país, aún cuando fuera en una de las cabeceras. La visión desde aquellos lugares difiere mucho de la capitalina.

Contar con esas voces, diferentes del discurso mediático urbano sería un primer síntoma de democracia de la información. Pero no, no existe. Y eso nos lleva de nuevo a un Santa Cruz Barillas que vive bajo una disposición prevista para otros tiempos, para tiempos de guerra.

Barillas queda al norte del país, es la Guatemala Profunda. Se deben recorrer al menos 14 horas en carro para llegar, siempre que no llueva. Antes de llegar, se pueden empezar a sintonizar estaciones radiales mexicanas y a los túmulos empiezan a llamarlos "topes".  Es un pueblo que duerme después de Los Cuchumatanes.

Y allá explotó, eso es lo poco que sabemos hasta hora, una revuelta contra una persona que vendió sus terrenos para construir una hidroeléctrica. La ausencia de periodistas en la región, (la cabecera departamental donde si hay noticieros locales está a cerca de 6 horas de camino) nos deja sin una versión confiable de lo que sucedió.

Según las autoridades, esta es la versión oficial, decenas de campesinos asaltaron el destacamento militar, secuestraron soldados y robaron armas. El saldo es que la persona fallecida y los heridos los pusieron los pobladores, no el Ejército. Algo, al menos a mí, no me parece lógico en esta historia.

Con el Estado de Sitio ya rigiendo todo se vuelve aún más complicado para los reporteros de Huehuetenango y de la Ciudad que están llegando hoy al lugar. Barillas no cuenta con una gran infraestructura de hoteles. Además, seguramente enfrentarán problemas importantes para poder transmitir desde aquel lugar.

Por último, regreso a la necesidad de la democratización de la información. Los noticieros, con contadas excepciones, ven la información de sus corresponsales departamentales como un relleno informativo. Le dedican un espacio de un par de minutos en el penúltimo bloque para dar una apariencia de que tienen alcance nacional. Sin embargo, solo voltean a ver a un municipio cuando ocurre una revuelta, muere alguien importante o el río se llevo varias casas de una de sus aldeas.

Sólo entonces se dan cuenta de la necesidad de apoyar a sus periodistas departamentales, de brindarles mejores condiciones de trabajo, de la necesidad de pagarles bien, de darles un sueldo decente y no que tengan que hacer hasta 20 notas para ganarse Q2 mil.

Sí los medios de comunicación no cambien esa forma de ver lo que sucede en los departamentos ocurrirán de nuevo conflictos tan grandes como estos que dejan un poblador muerto y ancianas capturadas, mientras que Gobierno y empresas se ponen de acuerdo para brindar un mismo discurso que termina en que la gente que defiende sus derechos en pueblos perdidos del mundo son terroristas. 

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