Llevaba más
de una semana con una espina clavada en el pecho, un mal presentimiento. Sabia que
afuera, en algún punto, estaba brillando la mala estrella. Unos días antes, el accidente
de un amigo sin consecuencias mayores me hizo creer que era la respuesta, pero
la incertidumbre no me abandonó, hasta el miércoles.
Contado
hoy, casi una semana más tarde sigue pareciendo irreal. Un mensaje al chat de Facebook
que decía que uno de mis mejores amigos desde la infancia, Roberto Arana, había
sido acuchillado durante un asalto. La violencia, enorme, ilógica y asquerosa viéndolo
a los ojos, y a través de los de él, viendo los míos. Después minutos de
incertidumbre. Esa era la espina, claro. Leí alguna vez una frase que dice: “El
Destino, como las tempestades, anuncian siempre su llegada.”
Roberto es
una persona difícil de describir, tiene un halo de timidez que no concuerda con
su facilidad de ser amigos y de ser indiscreto. Es un tipo honesto y terco, a
quien quiero muchísimo.
En los
siguientes días vi a muchas personas escribir sobre él, gente que no lo conoce
en absoluto, gente que se que lo detesta (y que él detesta) y gente que lo
quiere. Todos, o la mayoría indignados ante esos “malditos hijos de puta” que
le hicieron eso. Roberto no. Me lo encontré en el hospital, un día después del
asunto, con la misma sonrisa en la cara con la que lo he visto siempre. Bromeó,
se preocupó por como se asustó la familia y los amigos al saber lo que había
pasado.
Los
asaltantes fueron tres patojos de entre 16 y 17 años. Se atravesaron una calle
bastante transitada a esa hora (cerca de las 7 de la noche) y sin mediar
palabra le clavaron un cuchillo oxidado a la altura del corazón y luego lo
patearon.
Roberto me
ha dicho “eran unos güiros”, pero nunca uso palabras ofensivas contra ellos y
quizá por eso he tenido una mente mucho más fría, no para justificar sus actos,
pero para entenderlos. Villa Nueva es uno de los municipios más violentos del
país, además con asentamientos muy grandes y muy pobres. Un caldo de cultivo
para adolescentes violentos, sin oportunidades. Hace cuatro años conocí a dos
adolescentes de 13 años en el asentamiento “Mario Alioto López”. Bailan (espero
que aún lo hagan) hip hop. Lo aprendieron en el programa “Escuelas Abiertas”.
Me dijeron que en el baile veían una puerta para estar lejos de las maras. En
aquel año, la tasa de homicidios bajo cerca del 40% en ese asentamiento. La
prevención sin duda era una solución. Hoy, “Escuelas Abiertas” solo es un
recuerdo, aunque según el portal del Ministerio de Finanzas se han invertido en
el programa cerca de Q 27 millones este año. Además, la tasa de homicidios en
todo el país sigue aumentando en comparación con el año pasado (Durante los
primeros siete meses de 2013 se reportan 225 muertes violentas que en 2012).
Es posible
que sí Escuelas Abiertas, o cualquier otro programa de prevención, funcionará
en Villa Nueva esto no hubiera pasado, que estos patojos hubieran tenido una
oportunidad de tomar otro camino. Aunque claro, siempre existe la posibilidad
de que estos tres que asaltaron a Roberto sí sean unos hijos de puta.
Roberto
está bien, ya en casa. Está de buen humor, incluso mejor que el que tenía
antes. Me ha dicho en broma que los ladrones quisieron convertirlo en portalapices.
Yo, sin remedio, me he reído y agradecido la buena estrella de que este con
nosotros.
La otra
semana retomará su trabajo, da clases de teatro a niños con capacidades
especiales y en riesgo social. Eso, la ironía. Y en el fondo seguirá teniendo
la valentía de seguir desafiando al mundo haciendo lo que ama que es actuar, y
que es una de las razones por lo que más lo respeto y lo quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario