martes, 13 de agosto de 2013

De cuando la violencia te respira en la nuca (o en la de los amigos)

Llevaba más de una semana con una espina clavada en el pecho, un mal presentimiento. Sabia que afuera, en algún punto, estaba brillando la mala estrella. Unos días antes, el accidente de un amigo sin consecuencias mayores me hizo creer que era la respuesta, pero la incertidumbre no me abandonó, hasta el miércoles.

Contado hoy, casi una semana más tarde sigue pareciendo irreal. Un mensaje al chat de Facebook que decía que uno de mis mejores amigos desde la infancia, Roberto Arana, había sido acuchillado durante un asalto. La violencia, enorme, ilógica y asquerosa viéndolo a los ojos, y a través de los de él, viendo los míos. Después minutos de incertidumbre. Esa era la espina, claro. Leí alguna vez una frase que dice: “El Destino, como las tempestades, anuncian siempre su llegada.”

Roberto es una persona difícil de describir, tiene un halo de timidez que no concuerda con su facilidad de ser amigos y de ser indiscreto. Es un tipo honesto y terco, a quien quiero muchísimo.

En los siguientes días vi a muchas personas escribir sobre él, gente que no lo conoce en absoluto, gente que se que lo detesta (y que él detesta) y gente que lo quiere. Todos, o la mayoría indignados ante esos “malditos hijos de puta” que le hicieron eso. Roberto no. Me lo encontré en el hospital, un día después del asunto, con la misma sonrisa en la cara con la que lo he visto siempre. Bromeó, se preocupó por como se asustó la familia y los amigos al saber lo que había pasado.

Los asaltantes fueron tres patojos de entre 16 y 17 años. Se atravesaron una calle bastante transitada a esa hora (cerca de las 7 de la noche) y sin mediar palabra le clavaron un cuchillo oxidado a la altura del corazón y luego lo patearon.

Roberto me ha dicho “eran unos güiros”, pero nunca uso palabras ofensivas contra ellos y quizá por eso he tenido una mente mucho más fría, no para justificar sus actos, pero para entenderlos. Villa Nueva es uno de los municipios más violentos del país, además con asentamientos muy grandes y muy pobres. Un caldo de cultivo para adolescentes violentos, sin oportunidades. Hace cuatro años conocí a dos adolescentes de 13 años en el asentamiento “Mario Alioto López”. Bailan (espero que aún lo hagan) hip hop. Lo aprendieron en el programa “Escuelas Abiertas”. Me dijeron que en el baile veían una puerta para estar lejos de las maras. En aquel año, la tasa de homicidios bajo cerca del 40% en ese asentamiento. La prevención sin duda era una solución. Hoy, “Escuelas Abiertas” solo es un recuerdo, aunque según el portal del Ministerio de Finanzas se han invertido en el programa cerca de Q 27 millones este año. Además, la tasa de homicidios en todo el país sigue aumentando en comparación con el año pasado (Durante los primeros siete meses de 2013 se reportan 225 muertes violentas que en 2012).

Es posible que sí Escuelas Abiertas, o cualquier otro programa de prevención, funcionará en Villa Nueva esto no hubiera pasado, que estos patojos hubieran tenido una oportunidad de tomar otro camino. Aunque claro, siempre existe la posibilidad de que estos tres que asaltaron a Roberto sí sean unos hijos de puta.

Roberto está bien, ya en casa. Está de buen humor, incluso mejor que el que tenía antes. Me ha dicho en broma que los ladrones quisieron convertirlo en portalapices. Yo, sin remedio, me he reído y agradecido la buena estrella de que este con nosotros.


La otra semana retomará su trabajo, da clases de teatro a niños con capacidades especiales y en riesgo social. Eso, la ironía. Y en el fondo seguirá teniendo la valentía de seguir desafiando al mundo haciendo lo que ama que es actuar, y que es una de las razones por lo que más lo respeto y lo quiero. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario