jueves, 9 de mayo de 2013

“Lo que pude haber sido, ya no vale”


Esta semana cumplo seis años de sentirme periodista, seis años desde aquel primer día en la redacción de Emisoras Unidas. Suena a poco, sobre todo comparado con largas carreras de buenos comunicadores, pero, en realidad, es toda una vida.

Hace un par de meses, encontré un pequeño papel. Lo leí con una sonrisa. Desde ese papel me felicitaba una mujer, con quien en aquel entonces tenía una relación sentimental, por mi primer día en el medio. Estoy seguro que ella, a quien sigo teniendo entre mis amigas más queridas aunque hablamos cada vez menos, no leerá esto, porque hace mucho que prometió no volver a leer lo que yo escribo y lo ha cumplido con demasiada convicción. Me hizo sonreír porque recordé cuán lejos me llevó este camino. Ya no quedan rastros, para bien o para mal, del que fui. En realidad, ahora que lo pienso no tenía idea del camino que termine recorriendo aquel día de mayo de 2007.

Mi primera cobertura fue en el Congreso, mientras afuera una protesta de maestros, liderada por Joviel Acevedo no dejaba salir a los diputados. Y sí, es que hay cosas que si no se arreglan, pues no van a cambiar nunca.

 Hay muchos recuerdos en estos seis años que es difícil tratar de escribirlas, a pesar de que esa era mi intención en esta entrada del blog. Sucede lo mismo con la gente que considero mis maestros en el oficio, aunque esto de no hacerlos acá público no me preocupa demasiado porque saben de sobra el aprecio que les tengo.

Sin embargo, hay cosas que me cambiaron para siempre. Aquella maldita noche del 29 de febrero de 2008 en la vuelta de El Chilero. Aquel bus en medio del barranco, aquellos cuerpos apilados sin vida, aquella pequeña montaña de mochilas y cosas personales de los muertos y, sobre todo, aquel niño con una camisola de Argentina y una pantaloneta de lona, sin una pierna, arrancada en el accidente. O la mañana siguiente, cuando no tenía señal en el teléfono en el mismo lugar, exacto, desde donde trasmití una noche antes. Hay cosas que suceden que no las puedo explicar a menos que recuerde mi buena estrella.

El vuelo de cuatro horas, con tempestad incluida, desde México junto a los cadáveres de los migrantes secuestrados y asesinados en Tamaulipas. La noche que dormí en una gasolinera de Jutiapa para esperar la toma de posesión de Manuel Castillo en Jutiapa y las amenazas una semana después de su hermano. La primera cumbre de presidentes en el extranjero. La mañana del Agatha. Tantas cosas vividas.

En el transcurso de los últimos cuatro años, por ejemplo, llegue a conocer 234 municipios. Todas las regiones del país. Hice muchos amigos, pero sobre todo me enamoré del Ixcán y de su gente, de la honestidad y la solidaridad de ellos. Sé que en Xalbal, por ejemplo, siempre tendré una casa donde dormir. Además de eso, hice amigos en Cuba, México, El Salvador, Costa Rica, China, Argentina, Venezuela, Ecuador, aunque aún no conozca todos esos países.

Por supuesto que el periodismo me hada dado una gran cantidad de amigos acá, de los más cercanos en la actualidad, muchos de los más queridos. Me dio otros tantos amores, entre ellos por lo menos uno verdaderamente importante.

El oficio, claro está, también tiene sus cosas difíciles. Cualquier novia de un médico entiende que debe ir a salvar a un niño a media noche, pero no cualquiera comprende que te toca cancelar la cena o la ida al cine porque a un Ministro se le ocurrió renunciar a las 5 de la tarde. Eso, por ejemplo, es parte de lo que destruyó la relación con la mujer del papel. Ya lo decía alguna vez mi hermano, que por cierto se le ocurrió estudiar periodismo, cuando aún vivía en casa de mis papás, que parecía que solo llegaba a visitar porque casi nunca me miraba.

Aun así, no es queja. Como tampoco lo es el título de esta entrada. Desde que empecé a escribir esto me sonaba esa línea, que es de un libro de Bendetti.  Al final de cuentas, cada mañana que me levanto recuerdo esta frase, que ahora no estoy seguro de quién es el autor, y sonrío: “La manera más divertida de ser pobre es ser periodista”.

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