Alguna vez leí que Yaqqir Oheb significa "Querido Amigo" en arameo. No estoy del todo seguro, pero tampoco me importa. Los que leen serán eso, Queridos Amigos.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Un guatemalteco en China o de como a veces sonríe el Destino
martes, 30 de octubre de 2012
De carreteras que dejan a niños sin educación o las prioridades incomprensibles del PP
¿Es acaso más importante la obra gris que la educación? La comparación, pura como tal, parece injusta. Ambas cosas tienen importancia, vendrán a decirme que con mejores carreteras se trasladará mejor los productos y con eso la economía crecerá y con eso se generarán empleos. Si esto fuera así en la práctica, quizá podría tener un punto de justicia lo que se ha hecho con la distribución de dinero, pero no es así.
En Jocotan, Chiquimula conocí a una maestra, recién graduada, que atendía a tercero y cuarto primaria. Ella sola debía educar a cerca de 70 niños. ¿Acaso uno, al menos, de esos 10 mil maestros que hipotéticamente podríamos contratar con el recorte en el presupuesto de Educación no es necesario en esa escuela?
Aquí sólo podemos entender las cosas de dos maneras, o el Gobierno actual cree que en la educación pública ya hay suficientes maestros o cree que la educación pública no es necesaria. Estoy seguro que ningún maestro, ningún alumno y ningún padre de familia de las escuelas e institutos estarían de acuerdo con cualquiera de las dos respuestas.
Mientras tanto, Comunicaciones ve como su presupuesto crece en Q1 mil 344 millones. Demasiado dinero para carreteras, muy poco para escuelas. A este paso, tendremos supercarreteras que tal vez, sólo tal vez, lleguen a pueblos llenos de niños analfabetas. A mí, al menos, no me parece que la priorización sea correcta. O no creen que uno, al menos uno, de los diputados pensó en que sería bueno destinar parte de este presupuesto para construir muros perimetrales y evitar tragedias como la de Tactic, Alta Verapaz.
La educación debe ser uno de los rubros más importantes. Esto trae a tema de nuevo la reforma a la carrera magisterial. Crear Escuelas Normales de Educación Superior como propone la mesa técnica requiere dinero. Hay que contratar nuevos docentes, graduados universitarios a los cuales se les debe pagar mejor que a los actuales catedráticos. ¿Por qué entonces, en lugar de que aumente el presupuesto de educación, le han quitado dinero?
Esto, sumado al retiro del apoyo de parte de la Universidad de San Carlos al proyecto, parece que será el fin de la tan discutida reforma. A menos, claro, que se haga cambios sin pies, ni cabeza, sin dinero y que condenen a los cientos de jóvenes que pretenden, y tienen la vocación, de ser maestros a quedarse con las ganas.
Por si fuera poco lo que pretenden hacer con educación, dentro de lo asignado también llama la atención el aumento en el presupuesto a Defensa: Q383 millones más, respecto al año anterior. Si bien Gobernación también recibe un aumento de Q273 millones, los datos hacen ver una intención de fortalecer al Ejército en demerito de la Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario. Habrá que esperar a ver como se dan las cosas durante el año, pero puesto en frío, los números demuestran que vamos por un camino que no promete mucho futuro.
martes, 26 de junio de 2012
De la lucha de las Normales y la propuesta con agujeros
viernes, 11 de mayo de 2012
El dolor de los hijos por el dolor de una madre
jueves, 3 de mayo de 2012
Santa Cruz Barillas: Donde se desayuna con el periódico del día anterior
lunes, 9 de abril de 2012
El mar, ese desconocido
No recuerdo cuando conocí el mar. Supongo que estaba muy pequeño. Ni siquiera tengo idea de quien me llevo por primera vez. Es, tal vez, que a diferencia de mucha otra gente nunca he sentido una especial atracción hacia él.
Es diferente, por ejemplo, cuando conocí la selva. O más bien, cuando la escuche por primera vez. Será para mi imposible olvidarla y muchas noches escucho en mis sueños sus sonidos al atardecer. Esplendorosa, inmensa, hermosa. Pero con el mar no me sucede.
Mi sobrina, de 14 meses de nacida lo conoció el jueves. Al mar, digo. Se le llenaron los ojos al verlo. Abrió los brazos asustada y luego emocionada. Hasta ese día no había visto esa expresión en su carita. Sin embargo, al tocar la arena todo cambio y el desastre fue cuando el agua, muy fría por cierto, la toco. Rompió a llorar.
Algo similar me ha ocurrido en los últimos meses. Los ojos llenos ante la inmensidad, los brazos abiertos de susto y emoción. Y ahora mismo, aunque solo por momentos, la misma sensación al tocar la arena y sentir el agua.
El reto de dejar todo atrás para respetarse a si mismo, y en lo que uno cree, es complicado y solitario. Por mucho que todo un grupo de amigos este viviendo lo mismo para nadie es igual. Cada quien vive su soledad, y asume su reto, de manera diferente.
Y no me quejo, para nada. La mejor decisión que he tomado en mucho tiempo fue precisamente enfrentarme a este mar desconocido, tan inmenso e imprevisible como el que mi sobrina conoció.
Al final de cuentas esto de vivir siempre ante un reto que parece, siempre, infranqueable no es nuevo, ni es un asunto único. Guatemala vive siempre así, sobre todo en el interior de la república.
Y me pareció más en Semana Santa. Tenía más de tres meses de no viajar a algún departamento. Me encontré con la farsa del verano, mucha gente visitando todos los lugares, en medio de la pobreza de siempre. Sufriendo, inclusive, la pobreza de siempre.
Siempre parecen los guatemaltecos tan próximos a por fin enfrentarse a sus temores, a crecer. Pero en cuanto ese temor les toca los pies se asustan. Y lo que es peor, atacan y gritan contra los que se atreven a levantarse contra el sistema.
Y cuando digo a esos levantados, al menos en alguna manera, contra el sistema pienso en los campesinos de la marcha de hace 15 días que sucedió en Guatemala, un país donde pasa de todo, sin que nunca pase nada. Los campesinos, de la capital, solo se llevaron los insultos racistas de los capitalinos ignorantes. Ahh sí, y también algunas promesas, calificadas de secretas por el Gobierno. Esto, me imagino, porque es más fácil incumplir promesas cuando poca gente las conoce.
Regreso a la sonrisa de mi sobrina. En el fondo se que le gustó el mar. Antes de irnos quiso regresar a la orilla. Se que a mi me gusta, aunque a veces me asuste, el nuevo reto que enfrento, este reto de no saber el futuro.
Espero que Guatemala, algún día le de por enfrentar sus retos (y le guste), y cumplirlos, como cumplieron sus cientos de kilómetros los campesinos. Sobre todo a los capitalinos de visión tan corta que aplauden con entusiasmo un plan caro, sin pies ni cabeza, que consiste en ir a vivir una noche con una familia que se muere de hambre, pero cuando esa misma familia vino a la capital les llamaron “indios huevones”.
martes, 27 de marzo de 2012
¿Cuándo el agua puede significar miedo?
¡AGUA!, gritaron. Desde mi ventana vi al responsable del grito y el por qué lo hacía. Ante mis ojos y en segundos agentes de la Policía Municipal de Transito y sus patrullas. Y los gritos seguían. A cerca de una cuadra (vivo en un quinto nivel así que observo sin problemas lo que sucede a una cuadra de mi edificio) venia un camión cisterna de la Municipalidad.
Pero vamos por partes. A unos 20 metros de la entrada del edificio donde vivo, en la banqueta, duermen unas 15 personas. Llegan todos los días, quien sabe de dónde, a eso de las 8 de la noche, cargados de sabanas, ponchos, edredones y plásticos. Cada uno sabe cuál es su lugar en la banqueta y duermen ordenados, uno, junto al otro.
Nunca he visto sucia la banqueta y solo una vez, en los más de 15 meses que llevo viviendo acá, fui testigo de una pelea entre dos de ellos. Muchas veces se les escucha jugar cartas hasta eso de las 11 para luego dormir. Sin embargo, una vez, uno de ellos amaneció muerto. Según el Ministerio Público de frio. Era diciembre. Una vez a la semana vienen unas personas en varios carros y les dejan pan y café. En aquel diciembre, la noche antes de que amaneciera el muerto, vinieron a cantarles villancicos.
En este momento duermen el sueño de los justos sin molestar a nadie, así en la calle, pero me rehusó a llamarles indigentes, esa palabra tiene mucho de peyorativo. Y justamente así estaban la noche del grito.
¡AGUA!, sonó por segunda vez. La voz me alertó a mí y despertó a las personas en la banqueta. Ellos no necesitaron los segundos que yo si necesite para entender: Arriba de la cisterna iba un hombre con chumpa y gorra verde sosteniendo una manguera de las de PVC gruesas, negras, y de ella salía un chorro muy fuerte de agua. Les concedieron, si mucho, un minuto a las personas que dormían en la banqueta para quitarse y quitar sus cosas. Fue suficiente.
Luego, el camión avanzo y el potente chorro de agua cayó sobre toda la parte donde minutos antes esta gente roncaba y seguramente soñaba con un mejor lugar.
Nadie protestó y menos cuando empezaron a llegar los agentes de la Policía Municipal. La mayoría empezó a caminar para diferentes direcciones y ahí los perdí de vista. Una hora más tarde, al menos la mitad regresó a dormir al mismo lugar justo cuando en canal 7 pasaba un anuncio donde la Municipalidad presume de ser transparente. Claro está que las imágenes de ese desalojo no estaban en el anuncio.
Hoy conté el episodio en una mesa donde la mayoría de personas era desconocida. Me respondió alguien, de inmediato, que a mí no me había gustado el gesto porque no dormían enfrente de mi casa. Y en parte, le di la razón.
Minutos después, la conversación nos llevó a platicar sobre la llegada de los campesinos provenientes de Alta Verapaz como parte de la Marcha por la Resistencia, la Dignidad en Defensa de la Tierra y el territorio. Y ahí, si que aparecieron los comentarios peyorativos, racistas. Desde “indios ignorantes” hasta todo lo imaginable. Los señalaron de huevones por querer todo gratis y de afectar el progreso del país al oponerse a la minería.
Y de ese último punto me agarre para usar su argumento anterior: “A vos no te importa la minería porque la mina no está instalada en tu colonia.” Ya no seguí la discusión porque al final los insultos me duelen como si fueran hacia mí. Pero creo que mi frase tiene algún sentido.
Imagina vos, que estas leyéndome, que hoy descubren que en la esquina de tu casa hay oro o plata, que el parque de la colonia donde jugaste futbol de niño o donde ahora juegan tus hijos se volverá una minería a cielo abierto.
O que, a partir de hoy, debes ver como las paredes de tu casa se rajan por la actividad de las inmensas maquinas, que tus muebles se deterioran con el polvillo y que debes pensar siempre, que el agua que sale de tu chorro, un mal día, puede tener cianuro suficiente para matar a tu familia. Entonces, ¿no te opondrías?
Y eso, solo es un ejemplo. Pero la misma analogía puede ser útil para los desalojos, para la falta de oportunidades al acceso de tierra, principales razones de la marcha campesina.
Así pues, desde ayer, en la misma cuadra duermen cientos de campesinos que caminaron 9 días hasta acá para hacerse escuchar, y lamentablemente, para recibir insultos racistas (Ojalá que lograr lo primero, les haga despreocuparse de lo segundo) y las 15 personas que sin falta están durmiendo al alcance de mi vista, en la banqueta.
Quizá si este país fuera más justo, a los primeros se les brindaría la oportunidad por la que caminaron hasta acá y a los segundos la oportunidad de tener un techo y que el grito de ¡AGUA!, deje de significar miedo.
jueves, 22 de marzo de 2012
De cómo se canta para sobrevivir
Se llama José y tiene 83 años. Se subió a la camioneta con un chin-chin en la mano y en la otra una armónica. Camina despacio, cansado. Al hablar lo primero que me llamo la atención fue su voz clara y su sonrisa sin dientes. Lejos de un mensaje bíblico, o basado en la Biblia para mejor describirlo, su mensaje era de optimismo para construir un mejor país. Ser buena gente dijo, y me pareció sincero.
Claro está que su intención era obtener dinero. Para ello, cantaba. Aseguró, a manera de presentación de su canción que el café de Guatemala era el tercero mejor de mundo, “Después del de Colombia y Brasil”, explicó. Interpretó, con el Chin-chin y la armónica, una melodía que aseguró se llama El Cafetalito. No supe reconocerla, quizá porque él no la interpretó bien o porque yo no la conocía de antes, no lo sé.
Dos cuadras más adelante se subieron dos jóvenes. Un hombre y una mujer, no eran pareja porque el bromeo diciendo que ella no era bonita y ningún hombre sensato le hace esa broma a su novia. En fin, que tenían la misma intención que don José. Hablar bonito de Guatemala, dar un mensaje de optimismo y cantar, para obtener dinero, claro. La verdad me pareció más sincero Don José y por ello me fue más fácil hablarle para saber su nombre y su edad. A ellos, no me atreví a hablarles, pero sé, porque él lo dijo, que ella se llama Andrea.
No me atreví a hablarles para saber su edad y las razones para tratar de ganarse la vida cantando en los buses, primero porque tengo una timidez no propia de un periodista, una maldición que me acompaña siempre, y segundo porque cantaron una canción que no me gusta: Eres para mí de Julieta Venegas. ¿Qué porque no me gusta? Bueno, es una larga historia no digna para ser contada en la primera publicación de este blog pero la resumiré diciendo que se la dedicaron a una ex novia, un mes antes de que me dejará, para salir con quien se la dedicó. La vida, en su pura esencia.
En fin, que viendo dos presentaciones musicales tan parecidas y a la vez tan contrarias en menos de 10 cuadras sobre la decima avenida de la zona 1 me hace pensar que algo muy malo debemos haber hecho en este país para que la sociedad empuje a dos generaciones a intentar ganarse la vida de la misma manera: cantando en los buses.
Y no es que quiera hacer ver como que aquello es malo, como tampoco me parecen malos las decenas de vendedores de cualquier cosa que suben al bus. Pero estoy seguro que el sueño de Andrea y su amigo no es el de ser cantantes en las camionetas y también estoy muy seguro que don José no planeó terminar a los 83 años interpretando con una armónica su versión de “El Cafetalito”, que ahora sospecho que es “El Carnavalito”.
Y estoy seguro porque la gente a penas les puso atención. Seguían con la mirada hacia la ventana. A penas levantaron el rostro para observarlos un segundo y siguieron a lo suyo. Nada de aplausos al final, si algunas monedas.
Y es justo esa indiferencia la que me dejo a mí pensando. Este país, muchas veces, parece que se nos va a la mierda. Hay señales inequívocas pero la gente no las quiere ver.
Pocas personas se dan cuenta que Guatemala se nos termina de ir al carajo, y de las que se dan cuenta y están conscientes, en su mayoría no les importa o lo que es peor, les favorece.
Así, mientras nosotros, sobre todo los jóvenes con acceso a Internet, perdemos el tiempo viendo que vinieron los ancianos del futbol europeo, defendiendo y atacando a Arjona o pensando en el sueño guajiro de que en Centroamérica pueden ser legales las drogas, Don José, Andrea y su amigo siguen cantando en los buses por unas monedas.