martes, 13 de agosto de 2013

De cuando la violencia te respira en la nuca (o en la de los amigos)

Llevaba más de una semana con una espina clavada en el pecho, un mal presentimiento. Sabia que afuera, en algún punto, estaba brillando la mala estrella. Unos días antes, el accidente de un amigo sin consecuencias mayores me hizo creer que era la respuesta, pero la incertidumbre no me abandonó, hasta el miércoles.

Contado hoy, casi una semana más tarde sigue pareciendo irreal. Un mensaje al chat de Facebook que decía que uno de mis mejores amigos desde la infancia, Roberto Arana, había sido acuchillado durante un asalto. La violencia, enorme, ilógica y asquerosa viéndolo a los ojos, y a través de los de él, viendo los míos. Después minutos de incertidumbre. Esa era la espina, claro. Leí alguna vez una frase que dice: “El Destino, como las tempestades, anuncian siempre su llegada.”

Roberto es una persona difícil de describir, tiene un halo de timidez que no concuerda con su facilidad de ser amigos y de ser indiscreto. Es un tipo honesto y terco, a quien quiero muchísimo.

En los siguientes días vi a muchas personas escribir sobre él, gente que no lo conoce en absoluto, gente que se que lo detesta (y que él detesta) y gente que lo quiere. Todos, o la mayoría indignados ante esos “malditos hijos de puta” que le hicieron eso. Roberto no. Me lo encontré en el hospital, un día después del asunto, con la misma sonrisa en la cara con la que lo he visto siempre. Bromeó, se preocupó por como se asustó la familia y los amigos al saber lo que había pasado.

Los asaltantes fueron tres patojos de entre 16 y 17 años. Se atravesaron una calle bastante transitada a esa hora (cerca de las 7 de la noche) y sin mediar palabra le clavaron un cuchillo oxidado a la altura del corazón y luego lo patearon.

Roberto me ha dicho “eran unos güiros”, pero nunca uso palabras ofensivas contra ellos y quizá por eso he tenido una mente mucho más fría, no para justificar sus actos, pero para entenderlos. Villa Nueva es uno de los municipios más violentos del país, además con asentamientos muy grandes y muy pobres. Un caldo de cultivo para adolescentes violentos, sin oportunidades. Hace cuatro años conocí a dos adolescentes de 13 años en el asentamiento “Mario Alioto López”. Bailan (espero que aún lo hagan) hip hop. Lo aprendieron en el programa “Escuelas Abiertas”. Me dijeron que en el baile veían una puerta para estar lejos de las maras. En aquel año, la tasa de homicidios bajo cerca del 40% en ese asentamiento. La prevención sin duda era una solución. Hoy, “Escuelas Abiertas” solo es un recuerdo, aunque según el portal del Ministerio de Finanzas se han invertido en el programa cerca de Q 27 millones este año. Además, la tasa de homicidios en todo el país sigue aumentando en comparación con el año pasado (Durante los primeros siete meses de 2013 se reportan 225 muertes violentas que en 2012).

Es posible que sí Escuelas Abiertas, o cualquier otro programa de prevención, funcionará en Villa Nueva esto no hubiera pasado, que estos patojos hubieran tenido una oportunidad de tomar otro camino. Aunque claro, siempre existe la posibilidad de que estos tres que asaltaron a Roberto sí sean unos hijos de puta.

Roberto está bien, ya en casa. Está de buen humor, incluso mejor que el que tenía antes. Me ha dicho en broma que los ladrones quisieron convertirlo en portalapices. Yo, sin remedio, me he reído y agradecido la buena estrella de que este con nosotros.


La otra semana retomará su trabajo, da clases de teatro a niños con capacidades especiales y en riesgo social. Eso, la ironía. Y en el fondo seguirá teniendo la valentía de seguir desafiando al mundo haciendo lo que ama que es actuar, y que es una de las razones por lo que más lo respeto y lo quiero. 

jueves, 9 de mayo de 2013

“Lo que pude haber sido, ya no vale”


Esta semana cumplo seis años de sentirme periodista, seis años desde aquel primer día en la redacción de Emisoras Unidas. Suena a poco, sobre todo comparado con largas carreras de buenos comunicadores, pero, en realidad, es toda una vida.

Hace un par de meses, encontré un pequeño papel. Lo leí con una sonrisa. Desde ese papel me felicitaba una mujer, con quien en aquel entonces tenía una relación sentimental, por mi primer día en el medio. Estoy seguro que ella, a quien sigo teniendo entre mis amigas más queridas aunque hablamos cada vez menos, no leerá esto, porque hace mucho que prometió no volver a leer lo que yo escribo y lo ha cumplido con demasiada convicción. Me hizo sonreír porque recordé cuán lejos me llevó este camino. Ya no quedan rastros, para bien o para mal, del que fui. En realidad, ahora que lo pienso no tenía idea del camino que termine recorriendo aquel día de mayo de 2007.

Mi primera cobertura fue en el Congreso, mientras afuera una protesta de maestros, liderada por Joviel Acevedo no dejaba salir a los diputados. Y sí, es que hay cosas que si no se arreglan, pues no van a cambiar nunca.

 Hay muchos recuerdos en estos seis años que es difícil tratar de escribirlas, a pesar de que esa era mi intención en esta entrada del blog. Sucede lo mismo con la gente que considero mis maestros en el oficio, aunque esto de no hacerlos acá público no me preocupa demasiado porque saben de sobra el aprecio que les tengo.

Sin embargo, hay cosas que me cambiaron para siempre. Aquella maldita noche del 29 de febrero de 2008 en la vuelta de El Chilero. Aquel bus en medio del barranco, aquellos cuerpos apilados sin vida, aquella pequeña montaña de mochilas y cosas personales de los muertos y, sobre todo, aquel niño con una camisola de Argentina y una pantaloneta de lona, sin una pierna, arrancada en el accidente. O la mañana siguiente, cuando no tenía señal en el teléfono en el mismo lugar, exacto, desde donde trasmití una noche antes. Hay cosas que suceden que no las puedo explicar a menos que recuerde mi buena estrella.

El vuelo de cuatro horas, con tempestad incluida, desde México junto a los cadáveres de los migrantes secuestrados y asesinados en Tamaulipas. La noche que dormí en una gasolinera de Jutiapa para esperar la toma de posesión de Manuel Castillo en Jutiapa y las amenazas una semana después de su hermano. La primera cumbre de presidentes en el extranjero. La mañana del Agatha. Tantas cosas vividas.

En el transcurso de los últimos cuatro años, por ejemplo, llegue a conocer 234 municipios. Todas las regiones del país. Hice muchos amigos, pero sobre todo me enamoré del Ixcán y de su gente, de la honestidad y la solidaridad de ellos. Sé que en Xalbal, por ejemplo, siempre tendré una casa donde dormir. Además de eso, hice amigos en Cuba, México, El Salvador, Costa Rica, China, Argentina, Venezuela, Ecuador, aunque aún no conozca todos esos países.

Por supuesto que el periodismo me hada dado una gran cantidad de amigos acá, de los más cercanos en la actualidad, muchos de los más queridos. Me dio otros tantos amores, entre ellos por lo menos uno verdaderamente importante.

El oficio, claro está, también tiene sus cosas difíciles. Cualquier novia de un médico entiende que debe ir a salvar a un niño a media noche, pero no cualquiera comprende que te toca cancelar la cena o la ida al cine porque a un Ministro se le ocurrió renunciar a las 5 de la tarde. Eso, por ejemplo, es parte de lo que destruyó la relación con la mujer del papel. Ya lo decía alguna vez mi hermano, que por cierto se le ocurrió estudiar periodismo, cuando aún vivía en casa de mis papás, que parecía que solo llegaba a visitar porque casi nunca me miraba.

Aun así, no es queja. Como tampoco lo es el título de esta entrada. Desde que empecé a escribir esto me sonaba esa línea, que es de un libro de Bendetti.  Al final de cuentas, cada mañana que me levanto recuerdo esta frase, que ahora no estoy seguro de quién es el autor, y sonrío: “La manera más divertida de ser pobre es ser periodista”.

martes, 12 de marzo de 2013

De la esperanza perdida y recuperada (a medias)


Casi pierdo la esperanza la semana pasada. La muerte, angustiosa e incesante, se cobró vidas tan inocentes en un país que cada vez parece más hecho de mentiras que no deja lugar para la vida.

Su nombre era Katherin Julissa. Tenía tres años. Hacia sus tareas, pintaba inocente en la sala de su casa. Se paró para tomar agua junto a la pila en el patio de su casa cuando una bala, estruendosa, rompió la puerta y le dio en la cabeza. Después, 42 horas de lucha contra la muerte, que perdió. Es la vida de este país rompiéndose en mil pedazos.

También la semana pasada murió un hombre a balazos porque le toco la bocina a otro. A un idiota con pistola, como tantos hay en este país y en el mundo. Un idiota que no sé cómo duerme por las noches después de aquel día. El hombre muerto había salido a buscar la vida, o al menos una más digna, porque se dirigía a una entrevista de trabajo. La vida, de nuevo, valiendo menos que nada.

Ayer, para hacer un ejemplo más cercano, dos niñas de 14 y 16 años aparecieron muertas, luego de ser violadas, por negarse a pertenecer a una mara. ¿Qué opción de vida tenían las dos en este país?

Y así, como muchos otros que conozco llegue a un punto insalvable. Un mal humor masticado, una decepción por un país que no cambia, pero que sobre todo no quiere cambiar. Allá iba la gran parte de la población convencida que el único interés por la violencia sea que hoy no les toque a ellos el ladrón en el semáforo o quizá la bala perdida. Pero sin fondo, sin discusión, resignados, queriéndose embobar en conciertos, en espectáculos ajenos, queriendo vivir en burbujas. Yo no quiero ser uno de esos resignados, me rehusó a serlo.

Este país, mi país, se merece algo mejor. Pero es que a veces, de verdad, oír las noticias, pero sobre todo ver como todo sucede, sin que en realidad suceda algo es angustiante y no deja dormir bien.  ¿En qué país del mundo no sería la portada de TODOS los medios escritos la muerte de una niña por una bala perdida adentro de su casa? ¿En qué país del mundo eso no amerita una inmediata discusión sobre la portación de armas de fuego?

En este, donde sonar la bocina puede costarte la vida, pero en qué país del mundo en lugar de que eso amerite una discusión seria, lo que provoca es que toda la gente, y hasta periodistas irresponsables, pidan que no toquemos más la bocina. Nadie, o muy poca gente, planteó la necesidad de regular las armas, pero todos, o mucha gente, pidió no volver a usar la bocina. Este país es el mundo al revés.

Así, en todo lo que escribí no hay ninguna esperanza, y es que yo mismo creí haberla perdido antes del fin de semana. Me la devolvieron cuatro niños. Mi sobrina diciendo “me guta” a todo lo que mira, con una sonrisa tan encantadora que te da fuerzas para seguir. El sobrino de alguien a quien quiero mucho que sonríe y se disfraza con la inocencia de quien se va a comer el mundo, quizás no hoy, pero seguro mañana. La voz encantadora de la hija de una mis mejores amigas que cree que yo soy bonito. Y, por último, la sonrisa en fotos del hijo de uno de mis mejores amigos, una sonrisa pura que me recuerda la sonrisa de niños de 11 años que teníamos cuando mi amigo y yo nos conocimos y teníamos tantos sueños.

En efecto, en este texto no hay esperanza. La única, la importante, la verdadera esperanza está en esos niños. En que nuestros esfuerzos se encaminen a brindar un mejor país para ellos. Proponiendo, discutiendo las cosas importantes. Cuanta más gente despierte y se cuestione sobre el uso indiscriminado de las armas en lugar de por qué  bocina alguien, cambiaremos.

 En la medida en que abramos los ojos más allá de los lugares comunes y la gente se cuestione cosas de fondo como el porqué de las medidas represivas de este gobierno y el abandono de medidas de prevención y apoyo a la juventud entonces quizá el cambio sea posible. La esperanza, es al final de cuentas, que este mundo cambie y que cuando se lo entreguemos a esos niños que me devolvieron el ánimo esta semana las condiciones sean mejores, para que las manos de esos niños sean seguras para construir un mejor porvenir. 

Eso espero. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Un guatemalteco en China o de como a veces sonríe el Destino


Conocí a un chino la semana pasada. Uno de verdad, no sólo de apodo. Se llama Toni, o más bien, permite que los occidentales le llamen así para evitarnos la media hora de esfuerzo para pronunciar su nombre. Inteligente él, complicados para aprender nosotros.
Me acompañó a buscar un libro rojo, el libro rojo de Mao Tse. Esa especie de guía de instrucciones de cómo actuar en base a los principios marxistas y socialistas que les dejo Mao a los chinos. Durante muchos años debieron portar uno en la bolsa del pantalón o la camisa, por eso todos son pequeños e irrenunciablemente rojos. Toni me explicó que desde niño lo obligaron a memorizarlo, pero no lo entendía. Lo volvió a leer de adolescente. Hoy, dice que cada vez que tiene un problema le basta remitirse a los textos de su pequeño libro rojo para resolverlo. Por cierto, es gerente regional de su empresa y una persona que en nuestro país podría considerarse de clase alta.
A todo esto encontré el bendito libro. Es pequeño, rojo, claro está, y tiene una estrella al frente. Está en chino, claro. Tiene inclusive escritura a mano en algunas hojas. Históricamente es un tesoro, que debía tener en mi casa, no tendrá ninguna utilidad pero debía estar. Ahora bien, después de caminar casi el doble, encontré uno en español que he empezado a leer con emoción. Empiezo a entender a Toni.
Una de las primeras frases me dejo emocionado: "En lo que concierne a nuestro deseo, no quisiéramos combatir ni un solo día. Pero si las circunstancias nos obligan a luchar, podemos hacerlo hasta el fin." No podría estar más de acuerdo.
Bueno, pero creo que debo explicar donde conocí a Toni. El Destino, por llamarlo de alguna manera, quiso que la semana pasada viajara a China. Ya regrese y sigue sonando a chiste, pero no lo es. Me han impresionado muchas cosas, pero una sobre todo: No entiendo porque sólo Costa Rica se ha animado a iniciar relaciones con este gigante asiático. Y es que, en serio, nunca la palabra gigante fue más acertada.
Todo es excesivamente grande. En el aeropuerto hay unos carteles muy grandes en todos los idiomas para dar la bienvenida. El que está en español es para matarse de la risa, inevitablemente, dice: “Calurosos Bienvenidos”. No era conmigo, seguro, yo llevaba frio.
La comida merece una entrada aparte en este blog. Es simplemente genial. Rica en especias y muy picante la mayoría, pero deliciosa. Comimos de muchas cosas, entre ellas culebra y medusa. Eso sí, nada de ratas. Mucho menos “chomin” o arroz frito al inconfundible estilo de la quinta calle de la zona 1.
 Me hospedaron en un hotel en el nivel 66 y desayune aquellos días en el nivel 83. La torre de televisión de Shangai, la Pearl Tower Tv tiene más de 300 metros de altura. Y hay otra cosa enorme, el corazón de los chinos. Quizá eso sea lo que mejor sabor de boca me dejo. Uno siempre mira a los asiáticos hablando en ese idioma imposible de entender y no puede imaginarse que sean tipos amables, amigables, educados, borrachos. Porque vaya que son borrachos, y miren que lo dice un guatemalteco.
Al cuarto día viaje en un tren. Iba con varios guatemaltecos y todos ellos contaron sus historias de cuando viajaron en el tren en Guatemala. Yo no tenía una historia. Recuerdo que mis papas cuentan que alguna vez fui en ese tren, pero yo no lo recuerdo. Sin embargo, la única cosa en común entre ese de los recuerdos de antaño y el superrapido de China es el nombre. Íbamos a 304 kilómetros por hora. Sin embargo, como en China todo es inmenso, también son las distancias y aún a esa velocidad pasamos casi 5 horas en el bendito tren.
China, o al menos esa sensación me queda, es una oportunidad única. Es un tren a punto de marcharse. Es un mercado con millones de posibles clientes, más de los que podemos imaginar. Es un proveedor de productos más importante del que podremos tener con nuestros actuales países amigos. Que me perdone Taiwan, que mucho nos ha dado, pero deberíamos de encontrar la forma de tener relaciones con ambos. Al final, sus pueblos son uno solo, divididos por una frontera política. Al final, los guatemaltecos, por tanto prejuicio y racismo, estamos más divididos que las dos Chinas, o que las tres si Hong Kong entra al asunto.
PD. Mi única queja es que en China no se puede acceder a Facebook, ni a Twitter. Aunque en realidad, ahora que lo pienso, no los extrañe demasiado. Hasta olvide mi celular varios días en el hotel y no me importo. Retiro mi queja.


martes, 30 de octubre de 2012

De carreteras que dejan a niños sin educación o las prioridades incomprensibles del PP


El Presupuesto Nacional de Ingresos y Egresos fue aprobado tan rápido por los diputados que recién ahora da tiempo de revisar los detalles. Será el más grande de la historia, casi Q67 mil millones. Mucho dinero, si se piensa en los ingresos reales tributarios, y muy mal distribuido si se piensa en las necesidades reales del Estado de Guatemala.

Sobre todo, porque tal parece que quienes dispusieron la distribución del dinero no se preocupan de algunas de las necesidades reales del Estado, o lo que es peor, de las necesidades del pueblo de Guatemala, de los más pobres.

¿Es acaso más importante la obra gris que la educación? La comparación, pura como tal, parece injusta. Ambas cosas tienen importancia, vendrán a decirme que con mejores carreteras se trasladará mejor los productos y con eso la economía crecerá y con eso se generarán empleos. Si esto fuera así en la práctica, quizá podría tener un punto de justicia lo que se ha hecho con la distribución de dinero, pero no es así.
Educación recibirá una rebaja en su presupuesto de Q11 mil 193 millones que tenían en 2012 a Q10 mil 744. Es decir, Q449 millones menos. Con ello, se podría pagar el salario promedio, por un año, de alrededor de 10 mil maestros.

En Jocotan, Chiquimula conocí a una maestra, recién graduada, que atendía a tercero y cuarto primaria. Ella sola debía educar a cerca de 70 niños. ¿Acaso uno, al menos, de esos 10 mil maestros que hipotéticamente podríamos contratar con el recorte en el presupuesto de Educación no es necesario en esa escuela?

Aquí sólo podemos entender las cosas de dos maneras, o el Gobierno actual cree que en la educación pública ya hay suficientes maestros o cree que la educación pública no es necesaria. Estoy seguro que ningún maestro, ningún alumno y ningún padre de familia de las escuelas e institutos estarían de acuerdo con cualquiera de las dos respuestas.

Mientras tanto, Comunicaciones ve como su presupuesto crece en Q1 mil 344 millones. Demasiado dinero para carreteras, muy poco para escuelas. A este paso, tendremos supercarreteras que tal vez, sólo tal vez, lleguen a pueblos llenos de niños analfabetas. A mí, al menos, no me parece que la priorización sea correcta.  O no creen que uno, al menos uno, de los diputados pensó en que sería bueno destinar parte de este presupuesto para construir muros perimetrales y evitar tragedias como la de Tactic, Alta Verapaz.

La educación debe ser uno de los rubros más importantes. Esto trae a tema de nuevo la reforma a la carrera magisterial. Crear Escuelas Normales de Educación Superior como propone la mesa técnica requiere dinero. Hay que contratar nuevos docentes, graduados universitarios a los cuales se les debe pagar mejor que a los actuales catedráticos. ¿Por qué entonces, en lugar de que aumente el presupuesto de educación, le han quitado dinero?

Esto, sumado al retiro del apoyo de parte de la Universidad de San Carlos al proyecto, parece que será el fin de la tan discutida reforma. A menos, claro, que se haga cambios sin pies, ni cabeza, sin dinero y que condenen a los cientos de jóvenes que pretenden, y tienen la vocación, de ser maestros a quedarse con las ganas.

Por si fuera poco lo que pretenden hacer con educación, dentro de lo asignado también llama la atención el aumento en el presupuesto a Defensa: Q383 millones más, respecto al año anterior. Si bien Gobernación también recibe un aumento de Q273 millones, los datos hacen ver una intención de fortalecer al Ejército en demerito de la Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario. Habrá que esperar a ver como se dan las cosas durante el año, pero puesto en frío, los números demuestran que vamos por un camino que no promete mucho futuro.



martes, 26 de junio de 2012

De la lucha de las Normales y la propuesta con agujeros


La lucha de los estudiantes normalistas y la reforma a la carrera de Magisterio ya ha salido de los focos mediáticos. Es lo de siempre en este país, pasa de todo, sin que pase nada.

Mientras discutimos sobre cambios que aún no conocemos bien todo sigue como siempre. Hoy, tan solo el 2% de los jóvenes graduados como maestros consiguen empleo para dar clases. Según datos de la mesa técnica que propone el modelo de reforma educativa en 2022, es decir dentro de diez años, tan sólo el 25% de los maestros graduados en 2012 estarán trabajando como profesores.

Sin embargo, el diálogo, al menos de palabra se ha retomado. Por eso conviene intentar explicar que son estos famosos, pero poco conocidos, cambios en la forma que los nuevos maestros se volverán eso.

Hasta ahora, la discusión en la sociedad se ha limitado en decir  que los estudiantes son huevones. Y con eso, cero profundidad, y sobre todo, cero soluciones.

Vamos por partes: En mi opinión una reforma educativa integral, profunda y a conciencia es necesaria en este momento. De eso, poco más se puede decir. Es necesaria ya, la actual manera de educar a los futuros maestros tiene poca coherencia con la realidad. Dicho esto, la reforma a la carrera del magisterio es imperante.

Aún así en lo discutido hasta hoy hay matices, que sin embargo, los patojos normalistas no han logrado encontrar. Estoy muy de acuerdo con su lucha, evitar que este, hasta hoy, modelo de reforma educativa, sea impuesto para 2013 es vital para el futuro del país, pero no basta con cerrar calles, tomar institutos y resistir. Hace falta más.

 La propuesta de la mesa técnica (que inició en 2010 a trabajar y no con este Gobierno) establece que la carrera de magisterio desaparece. En su lugar, habrá una carrera de Bachillerato con orientación educativa, que lógicamente tendrá una duración de dos años. Luego de eso, los estudiantes, ya con su título de educación media podrán optar por seguir cualquier carrera en la Universidad o ingresar a los Centros de Estudios Superiores donde se graduarán, luego de tres años más de estudio como profesores. Podrán escoger  entre 8 especialidades, incluyendo profesorados bilingües, todos certificados por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Ahora bien, eso es en papel. En la realidad, hay cosas que falta por resolver. El Ministerio de Educación no querrá perder la rectoría en la formación de docentes. Eso significa que debe pagar los salarios de los catedráticos de los Centros de Estudios Superiores, que ahora deberán ser, como mínimo, licenciados. Eso, quiere decir, obviamente, que uno de estos licenciados no puede ganar el mismo sueldo que gana hoy un profesor de enseñanza media, que no rebasa los Q3 mil 500.  ¿Tiene capacidad el Ministerio de Educación para aumentar su presupuesto para eso? ¿Está contemplado para ponerlo en la propuesta de presupuesto 2013?


Otro problema importante es qué papel jugarán los colegios privados. Hasta ahora no hay una propuesta seria. ¿Brindarán el Bachillerato en orientación educativa? Se imaginan ustedes a los Centros de Educación superiores recibiendo, no sólo a los egresados de las escuelas normales, sino también de colegios privados. Es decir, clases con más de 100 estudiantes. Eso, nos devuelve a lo mismo. ¿Hay presupuesto en Educación para ello?

Hasta ahora se prevé que los Centros de Educación Superiores sean avalados por la USAC, pero, es obvio que las universidades privadas querrán entrar al negocio y que muchos padres de señoritas de colegios como IGA o el Sagrado Corazón, por dar un ejemplo, no querrán que sus hijas estudien en establecimientos públicos. Ahí, de nuevo entra un agujero en el modelo propuesto. ¿Podrán las universidades privadas graduar profesores? Y lo que es peor, si se autoriza eso ¿Quién va a regir su accionar?

Hoy, existen 80 mil maestros desempleados. Por lo menos, y me remito de nuevo a datos de la mesa técnica, 20 % de los catedráticos en colegios privados no son maestros, son universitarios graduados de bachilleres, contadores o secretarias.

Para mi la propuesta no es mala, pero hasta ahora el modelo tiene agujeros que es imposible hacerla funcionar. Ahora mismo, está en la etapa de socialización para darse los últimos cambios. Según como lo tenía previsto la mesa técnica esta etapa debía finalizarse hace un año, en julio de 2011, para poder implementarse en 2013. Es decir, a esta altura tenemos un atraso de 12 meses.

Por ello, implementarla para enero próximo, como ha amenazado la Ministra de Educación es una soberbia irresponsabilidad, y eso, debería ser la bandera de lucha de los patojos. Estoy seguro, que la población estaría de su lado y dejaría de llamarlos bochincheros y huevones. A partir de eso, la lucha estudiantil puede lograr mejoras históricas para el país, como la que permite que  al subirte a un bus urbano te cobren un quetzal y no 10 o 15.






viernes, 11 de mayo de 2012

El dolor de los hijos por el dolor de una madre


Mi madre ya es abuelita. Se dice fácil pero significa un mundo. No la hice abuela yo, que el cielo sabe que aún me falta mucho para tener la capacidad de ser un buen padre, sino mi hermano.

Estuvo enferma hace apenas tres semanas. Empezó un día con un dolor agudo y resulto ser el apéndice, bastante extraño a su edad. La operación, que debía ser un procedimiento bastante sencillo, se convirtió en un problema mayor porque debió esperar 28 horas para ser operada desde que ingreso de emergencia al IGSS.

Si, 28 horas. Empezó todo un miércoles en la noche. Amanecimos en la sala de espera de la emergencia. Hay algo desgarrador en ver a tu mamá quejarse de un dolor y no poder hacer nada. Ni siquiera la capacidad de sacarla de hospital de seguridad social y llevarla a un hospital privado.

Al final, a eso de las cinco de la mañana el IGSS empezó a cambiar de cara. Mientras esperábamos que a mi madre le hicieran los rayos X necesarios para ser operada se escuchaba a lo lejos gritos de dolor de una mujer y un poco más bajo, en otra habitación, sonaba el Buki. Un hospital, como el mundo entero, es un lugar extraño y contradictorio.

Mi madre está bien, entre lo que cabe. Ya está en casa y todo parece ir en orden. Los días que permaneció hospitalizada fueron horribles e inciertos. Cuento esto días después con la tranquilidad de llegar ayer y saludarla en su casa.

Mientras tanto, pienso en los hijos que pasaron la noche del 10 de mayo sentados en la banqueta de la emergencia del IGSS de la zona 9. Pocas cosas te hacen sentirte más solo que ver a tu madre enferma. Quizá, sólo puede provocar más soledad y dolor lo que se vive en Santa Cruz Barillas.

Las fotos y textos publicados por Plaza Pública son la primera muestra del drama humano que se vive allá. Para los capitalinos la guerra fue una noticia ajena y lejana. Era, a lo mucho, la razón para quedarse sin luz unas horas o la noticias que en una casa, relativamente cercana, había un “reducto guerrillero”. Pero nada más.  

En los municipios del norte y occidente del país, en cambio, la guerra fue algo real, palpable y doloroso. Para madres, padres, hijos, abuelos. Con especial dolor en los municipios de la Franja Transversal del Norte, incluyendo a Santa Cruz Barillas. El regreso de Ejército y con él, los abusos asustan a la gente. Y con razón.

Y muchas madres lloran de nuevo. No es la primera vez que ven a soldados entrar a sus casas y tirar todo adentro para buscar (o acaso implantar) pruebas de su complicidad con grupos subversivos. Y saben, como lo aprendieron entonces, que después de este abuso, solo vienen otros, muchos más grandes, que en la guerra terminaron en muerte.

No esperaran esta vez. Partirán ahora mismo hacia las montañas muchas de estas familias. La sociedad debería entender que en Barillas, el tiempo retrocedió 30 años. Terrible.

Y pensando en las madres que lloran con sus hijos al huir en Barillas, regresó a la banqueta del IGSS que este viernes seguramente estará lleno de hijos que deberán esperar, como lo hice yo hace dos semanas, 28 horas para que su mamá sea atendida.

Yo, ya tengo a mi madre en su casa, pero peores noches le esperan, como siempre, a los más pobres.