martes, 12 de marzo de 2013

De la esperanza perdida y recuperada (a medias)


Casi pierdo la esperanza la semana pasada. La muerte, angustiosa e incesante, se cobró vidas tan inocentes en un país que cada vez parece más hecho de mentiras que no deja lugar para la vida.

Su nombre era Katherin Julissa. Tenía tres años. Hacia sus tareas, pintaba inocente en la sala de su casa. Se paró para tomar agua junto a la pila en el patio de su casa cuando una bala, estruendosa, rompió la puerta y le dio en la cabeza. Después, 42 horas de lucha contra la muerte, que perdió. Es la vida de este país rompiéndose en mil pedazos.

También la semana pasada murió un hombre a balazos porque le toco la bocina a otro. A un idiota con pistola, como tantos hay en este país y en el mundo. Un idiota que no sé cómo duerme por las noches después de aquel día. El hombre muerto había salido a buscar la vida, o al menos una más digna, porque se dirigía a una entrevista de trabajo. La vida, de nuevo, valiendo menos que nada.

Ayer, para hacer un ejemplo más cercano, dos niñas de 14 y 16 años aparecieron muertas, luego de ser violadas, por negarse a pertenecer a una mara. ¿Qué opción de vida tenían las dos en este país?

Y así, como muchos otros que conozco llegue a un punto insalvable. Un mal humor masticado, una decepción por un país que no cambia, pero que sobre todo no quiere cambiar. Allá iba la gran parte de la población convencida que el único interés por la violencia sea que hoy no les toque a ellos el ladrón en el semáforo o quizá la bala perdida. Pero sin fondo, sin discusión, resignados, queriéndose embobar en conciertos, en espectáculos ajenos, queriendo vivir en burbujas. Yo no quiero ser uno de esos resignados, me rehusó a serlo.

Este país, mi país, se merece algo mejor. Pero es que a veces, de verdad, oír las noticias, pero sobre todo ver como todo sucede, sin que en realidad suceda algo es angustiante y no deja dormir bien.  ¿En qué país del mundo no sería la portada de TODOS los medios escritos la muerte de una niña por una bala perdida adentro de su casa? ¿En qué país del mundo eso no amerita una inmediata discusión sobre la portación de armas de fuego?

En este, donde sonar la bocina puede costarte la vida, pero en qué país del mundo en lugar de que eso amerite una discusión seria, lo que provoca es que toda la gente, y hasta periodistas irresponsables, pidan que no toquemos más la bocina. Nadie, o muy poca gente, planteó la necesidad de regular las armas, pero todos, o mucha gente, pidió no volver a usar la bocina. Este país es el mundo al revés.

Así, en todo lo que escribí no hay ninguna esperanza, y es que yo mismo creí haberla perdido antes del fin de semana. Me la devolvieron cuatro niños. Mi sobrina diciendo “me guta” a todo lo que mira, con una sonrisa tan encantadora que te da fuerzas para seguir. El sobrino de alguien a quien quiero mucho que sonríe y se disfraza con la inocencia de quien se va a comer el mundo, quizás no hoy, pero seguro mañana. La voz encantadora de la hija de una mis mejores amigas que cree que yo soy bonito. Y, por último, la sonrisa en fotos del hijo de uno de mis mejores amigos, una sonrisa pura que me recuerda la sonrisa de niños de 11 años que teníamos cuando mi amigo y yo nos conocimos y teníamos tantos sueños.

En efecto, en este texto no hay esperanza. La única, la importante, la verdadera esperanza está en esos niños. En que nuestros esfuerzos se encaminen a brindar un mejor país para ellos. Proponiendo, discutiendo las cosas importantes. Cuanta más gente despierte y se cuestione sobre el uso indiscriminado de las armas en lugar de por qué  bocina alguien, cambiaremos.

 En la medida en que abramos los ojos más allá de los lugares comunes y la gente se cuestione cosas de fondo como el porqué de las medidas represivas de este gobierno y el abandono de medidas de prevención y apoyo a la juventud entonces quizá el cambio sea posible. La esperanza, es al final de cuentas, que este mundo cambie y que cuando se lo entreguemos a esos niños que me devolvieron el ánimo esta semana las condiciones sean mejores, para que las manos de esos niños sean seguras para construir un mejor porvenir. 

Eso espero. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Un guatemalteco en China o de como a veces sonríe el Destino


Conocí a un chino la semana pasada. Uno de verdad, no sólo de apodo. Se llama Toni, o más bien, permite que los occidentales le llamen así para evitarnos la media hora de esfuerzo para pronunciar su nombre. Inteligente él, complicados para aprender nosotros.
Me acompañó a buscar un libro rojo, el libro rojo de Mao Tse. Esa especie de guía de instrucciones de cómo actuar en base a los principios marxistas y socialistas que les dejo Mao a los chinos. Durante muchos años debieron portar uno en la bolsa del pantalón o la camisa, por eso todos son pequeños e irrenunciablemente rojos. Toni me explicó que desde niño lo obligaron a memorizarlo, pero no lo entendía. Lo volvió a leer de adolescente. Hoy, dice que cada vez que tiene un problema le basta remitirse a los textos de su pequeño libro rojo para resolverlo. Por cierto, es gerente regional de su empresa y una persona que en nuestro país podría considerarse de clase alta.
A todo esto encontré el bendito libro. Es pequeño, rojo, claro está, y tiene una estrella al frente. Está en chino, claro. Tiene inclusive escritura a mano en algunas hojas. Históricamente es un tesoro, que debía tener en mi casa, no tendrá ninguna utilidad pero debía estar. Ahora bien, después de caminar casi el doble, encontré uno en español que he empezado a leer con emoción. Empiezo a entender a Toni.
Una de las primeras frases me dejo emocionado: "En lo que concierne a nuestro deseo, no quisiéramos combatir ni un solo día. Pero si las circunstancias nos obligan a luchar, podemos hacerlo hasta el fin." No podría estar más de acuerdo.
Bueno, pero creo que debo explicar donde conocí a Toni. El Destino, por llamarlo de alguna manera, quiso que la semana pasada viajara a China. Ya regrese y sigue sonando a chiste, pero no lo es. Me han impresionado muchas cosas, pero una sobre todo: No entiendo porque sólo Costa Rica se ha animado a iniciar relaciones con este gigante asiático. Y es que, en serio, nunca la palabra gigante fue más acertada.
Todo es excesivamente grande. En el aeropuerto hay unos carteles muy grandes en todos los idiomas para dar la bienvenida. El que está en español es para matarse de la risa, inevitablemente, dice: “Calurosos Bienvenidos”. No era conmigo, seguro, yo llevaba frio.
La comida merece una entrada aparte en este blog. Es simplemente genial. Rica en especias y muy picante la mayoría, pero deliciosa. Comimos de muchas cosas, entre ellas culebra y medusa. Eso sí, nada de ratas. Mucho menos “chomin” o arroz frito al inconfundible estilo de la quinta calle de la zona 1.
 Me hospedaron en un hotel en el nivel 66 y desayune aquellos días en el nivel 83. La torre de televisión de Shangai, la Pearl Tower Tv tiene más de 300 metros de altura. Y hay otra cosa enorme, el corazón de los chinos. Quizá eso sea lo que mejor sabor de boca me dejo. Uno siempre mira a los asiáticos hablando en ese idioma imposible de entender y no puede imaginarse que sean tipos amables, amigables, educados, borrachos. Porque vaya que son borrachos, y miren que lo dice un guatemalteco.
Al cuarto día viaje en un tren. Iba con varios guatemaltecos y todos ellos contaron sus historias de cuando viajaron en el tren en Guatemala. Yo no tenía una historia. Recuerdo que mis papas cuentan que alguna vez fui en ese tren, pero yo no lo recuerdo. Sin embargo, la única cosa en común entre ese de los recuerdos de antaño y el superrapido de China es el nombre. Íbamos a 304 kilómetros por hora. Sin embargo, como en China todo es inmenso, también son las distancias y aún a esa velocidad pasamos casi 5 horas en el bendito tren.
China, o al menos esa sensación me queda, es una oportunidad única. Es un tren a punto de marcharse. Es un mercado con millones de posibles clientes, más de los que podemos imaginar. Es un proveedor de productos más importante del que podremos tener con nuestros actuales países amigos. Que me perdone Taiwan, que mucho nos ha dado, pero deberíamos de encontrar la forma de tener relaciones con ambos. Al final, sus pueblos son uno solo, divididos por una frontera política. Al final, los guatemaltecos, por tanto prejuicio y racismo, estamos más divididos que las dos Chinas, o que las tres si Hong Kong entra al asunto.
PD. Mi única queja es que en China no se puede acceder a Facebook, ni a Twitter. Aunque en realidad, ahora que lo pienso, no los extrañe demasiado. Hasta olvide mi celular varios días en el hotel y no me importo. Retiro mi queja.


martes, 30 de octubre de 2012

De carreteras que dejan a niños sin educación o las prioridades incomprensibles del PP


El Presupuesto Nacional de Ingresos y Egresos fue aprobado tan rápido por los diputados que recién ahora da tiempo de revisar los detalles. Será el más grande de la historia, casi Q67 mil millones. Mucho dinero, si se piensa en los ingresos reales tributarios, y muy mal distribuido si se piensa en las necesidades reales del Estado de Guatemala.

Sobre todo, porque tal parece que quienes dispusieron la distribución del dinero no se preocupan de algunas de las necesidades reales del Estado, o lo que es peor, de las necesidades del pueblo de Guatemala, de los más pobres.

¿Es acaso más importante la obra gris que la educación? La comparación, pura como tal, parece injusta. Ambas cosas tienen importancia, vendrán a decirme que con mejores carreteras se trasladará mejor los productos y con eso la economía crecerá y con eso se generarán empleos. Si esto fuera así en la práctica, quizá podría tener un punto de justicia lo que se ha hecho con la distribución de dinero, pero no es así.
Educación recibirá una rebaja en su presupuesto de Q11 mil 193 millones que tenían en 2012 a Q10 mil 744. Es decir, Q449 millones menos. Con ello, se podría pagar el salario promedio, por un año, de alrededor de 10 mil maestros.

En Jocotan, Chiquimula conocí a una maestra, recién graduada, que atendía a tercero y cuarto primaria. Ella sola debía educar a cerca de 70 niños. ¿Acaso uno, al menos, de esos 10 mil maestros que hipotéticamente podríamos contratar con el recorte en el presupuesto de Educación no es necesario en esa escuela?

Aquí sólo podemos entender las cosas de dos maneras, o el Gobierno actual cree que en la educación pública ya hay suficientes maestros o cree que la educación pública no es necesaria. Estoy seguro que ningún maestro, ningún alumno y ningún padre de familia de las escuelas e institutos estarían de acuerdo con cualquiera de las dos respuestas.

Mientras tanto, Comunicaciones ve como su presupuesto crece en Q1 mil 344 millones. Demasiado dinero para carreteras, muy poco para escuelas. A este paso, tendremos supercarreteras que tal vez, sólo tal vez, lleguen a pueblos llenos de niños analfabetas. A mí, al menos, no me parece que la priorización sea correcta.  O no creen que uno, al menos uno, de los diputados pensó en que sería bueno destinar parte de este presupuesto para construir muros perimetrales y evitar tragedias como la de Tactic, Alta Verapaz.

La educación debe ser uno de los rubros más importantes. Esto trae a tema de nuevo la reforma a la carrera magisterial. Crear Escuelas Normales de Educación Superior como propone la mesa técnica requiere dinero. Hay que contratar nuevos docentes, graduados universitarios a los cuales se les debe pagar mejor que a los actuales catedráticos. ¿Por qué entonces, en lugar de que aumente el presupuesto de educación, le han quitado dinero?

Esto, sumado al retiro del apoyo de parte de la Universidad de San Carlos al proyecto, parece que será el fin de la tan discutida reforma. A menos, claro, que se haga cambios sin pies, ni cabeza, sin dinero y que condenen a los cientos de jóvenes que pretenden, y tienen la vocación, de ser maestros a quedarse con las ganas.

Por si fuera poco lo que pretenden hacer con educación, dentro de lo asignado también llama la atención el aumento en el presupuesto a Defensa: Q383 millones más, respecto al año anterior. Si bien Gobernación también recibe un aumento de Q273 millones, los datos hacen ver una intención de fortalecer al Ejército en demerito de la Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario. Habrá que esperar a ver como se dan las cosas durante el año, pero puesto en frío, los números demuestran que vamos por un camino que no promete mucho futuro.



martes, 26 de junio de 2012

De la lucha de las Normales y la propuesta con agujeros


La lucha de los estudiantes normalistas y la reforma a la carrera de Magisterio ya ha salido de los focos mediáticos. Es lo de siempre en este país, pasa de todo, sin que pase nada.

Mientras discutimos sobre cambios que aún no conocemos bien todo sigue como siempre. Hoy, tan solo el 2% de los jóvenes graduados como maestros consiguen empleo para dar clases. Según datos de la mesa técnica que propone el modelo de reforma educativa en 2022, es decir dentro de diez años, tan sólo el 25% de los maestros graduados en 2012 estarán trabajando como profesores.

Sin embargo, el diálogo, al menos de palabra se ha retomado. Por eso conviene intentar explicar que son estos famosos, pero poco conocidos, cambios en la forma que los nuevos maestros se volverán eso.

Hasta ahora, la discusión en la sociedad se ha limitado en decir  que los estudiantes son huevones. Y con eso, cero profundidad, y sobre todo, cero soluciones.

Vamos por partes: En mi opinión una reforma educativa integral, profunda y a conciencia es necesaria en este momento. De eso, poco más se puede decir. Es necesaria ya, la actual manera de educar a los futuros maestros tiene poca coherencia con la realidad. Dicho esto, la reforma a la carrera del magisterio es imperante.

Aún así en lo discutido hasta hoy hay matices, que sin embargo, los patojos normalistas no han logrado encontrar. Estoy muy de acuerdo con su lucha, evitar que este, hasta hoy, modelo de reforma educativa, sea impuesto para 2013 es vital para el futuro del país, pero no basta con cerrar calles, tomar institutos y resistir. Hace falta más.

 La propuesta de la mesa técnica (que inició en 2010 a trabajar y no con este Gobierno) establece que la carrera de magisterio desaparece. En su lugar, habrá una carrera de Bachillerato con orientación educativa, que lógicamente tendrá una duración de dos años. Luego de eso, los estudiantes, ya con su título de educación media podrán optar por seguir cualquier carrera en la Universidad o ingresar a los Centros de Estudios Superiores donde se graduarán, luego de tres años más de estudio como profesores. Podrán escoger  entre 8 especialidades, incluyendo profesorados bilingües, todos certificados por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Ahora bien, eso es en papel. En la realidad, hay cosas que falta por resolver. El Ministerio de Educación no querrá perder la rectoría en la formación de docentes. Eso significa que debe pagar los salarios de los catedráticos de los Centros de Estudios Superiores, que ahora deberán ser, como mínimo, licenciados. Eso, quiere decir, obviamente, que uno de estos licenciados no puede ganar el mismo sueldo que gana hoy un profesor de enseñanza media, que no rebasa los Q3 mil 500.  ¿Tiene capacidad el Ministerio de Educación para aumentar su presupuesto para eso? ¿Está contemplado para ponerlo en la propuesta de presupuesto 2013?


Otro problema importante es qué papel jugarán los colegios privados. Hasta ahora no hay una propuesta seria. ¿Brindarán el Bachillerato en orientación educativa? Se imaginan ustedes a los Centros de Educación superiores recibiendo, no sólo a los egresados de las escuelas normales, sino también de colegios privados. Es decir, clases con más de 100 estudiantes. Eso, nos devuelve a lo mismo. ¿Hay presupuesto en Educación para ello?

Hasta ahora se prevé que los Centros de Educación Superiores sean avalados por la USAC, pero, es obvio que las universidades privadas querrán entrar al negocio y que muchos padres de señoritas de colegios como IGA o el Sagrado Corazón, por dar un ejemplo, no querrán que sus hijas estudien en establecimientos públicos. Ahí, de nuevo entra un agujero en el modelo propuesto. ¿Podrán las universidades privadas graduar profesores? Y lo que es peor, si se autoriza eso ¿Quién va a regir su accionar?

Hoy, existen 80 mil maestros desempleados. Por lo menos, y me remito de nuevo a datos de la mesa técnica, 20 % de los catedráticos en colegios privados no son maestros, son universitarios graduados de bachilleres, contadores o secretarias.

Para mi la propuesta no es mala, pero hasta ahora el modelo tiene agujeros que es imposible hacerla funcionar. Ahora mismo, está en la etapa de socialización para darse los últimos cambios. Según como lo tenía previsto la mesa técnica esta etapa debía finalizarse hace un año, en julio de 2011, para poder implementarse en 2013. Es decir, a esta altura tenemos un atraso de 12 meses.

Por ello, implementarla para enero próximo, como ha amenazado la Ministra de Educación es una soberbia irresponsabilidad, y eso, debería ser la bandera de lucha de los patojos. Estoy seguro, que la población estaría de su lado y dejaría de llamarlos bochincheros y huevones. A partir de eso, la lucha estudiantil puede lograr mejoras históricas para el país, como la que permite que  al subirte a un bus urbano te cobren un quetzal y no 10 o 15.






viernes, 11 de mayo de 2012

El dolor de los hijos por el dolor de una madre


Mi madre ya es abuelita. Se dice fácil pero significa un mundo. No la hice abuela yo, que el cielo sabe que aún me falta mucho para tener la capacidad de ser un buen padre, sino mi hermano.

Estuvo enferma hace apenas tres semanas. Empezó un día con un dolor agudo y resulto ser el apéndice, bastante extraño a su edad. La operación, que debía ser un procedimiento bastante sencillo, se convirtió en un problema mayor porque debió esperar 28 horas para ser operada desde que ingreso de emergencia al IGSS.

Si, 28 horas. Empezó todo un miércoles en la noche. Amanecimos en la sala de espera de la emergencia. Hay algo desgarrador en ver a tu mamá quejarse de un dolor y no poder hacer nada. Ni siquiera la capacidad de sacarla de hospital de seguridad social y llevarla a un hospital privado.

Al final, a eso de las cinco de la mañana el IGSS empezó a cambiar de cara. Mientras esperábamos que a mi madre le hicieran los rayos X necesarios para ser operada se escuchaba a lo lejos gritos de dolor de una mujer y un poco más bajo, en otra habitación, sonaba el Buki. Un hospital, como el mundo entero, es un lugar extraño y contradictorio.

Mi madre está bien, entre lo que cabe. Ya está en casa y todo parece ir en orden. Los días que permaneció hospitalizada fueron horribles e inciertos. Cuento esto días después con la tranquilidad de llegar ayer y saludarla en su casa.

Mientras tanto, pienso en los hijos que pasaron la noche del 10 de mayo sentados en la banqueta de la emergencia del IGSS de la zona 9. Pocas cosas te hacen sentirte más solo que ver a tu madre enferma. Quizá, sólo puede provocar más soledad y dolor lo que se vive en Santa Cruz Barillas.

Las fotos y textos publicados por Plaza Pública son la primera muestra del drama humano que se vive allá. Para los capitalinos la guerra fue una noticia ajena y lejana. Era, a lo mucho, la razón para quedarse sin luz unas horas o la noticias que en una casa, relativamente cercana, había un “reducto guerrillero”. Pero nada más.  

En los municipios del norte y occidente del país, en cambio, la guerra fue algo real, palpable y doloroso. Para madres, padres, hijos, abuelos. Con especial dolor en los municipios de la Franja Transversal del Norte, incluyendo a Santa Cruz Barillas. El regreso de Ejército y con él, los abusos asustan a la gente. Y con razón.

Y muchas madres lloran de nuevo. No es la primera vez que ven a soldados entrar a sus casas y tirar todo adentro para buscar (o acaso implantar) pruebas de su complicidad con grupos subversivos. Y saben, como lo aprendieron entonces, que después de este abuso, solo vienen otros, muchos más grandes, que en la guerra terminaron en muerte.

No esperaran esta vez. Partirán ahora mismo hacia las montañas muchas de estas familias. La sociedad debería entender que en Barillas, el tiempo retrocedió 30 años. Terrible.

Y pensando en las madres que lloran con sus hijos al huir en Barillas, regresó a la banqueta del IGSS que este viernes seguramente estará lleno de hijos que deberán esperar, como lo hice yo hace dos semanas, 28 horas para que su mamá sea atendida.

Yo, ya tengo a mi madre en su casa, pero peores noches le esperan, como siempre, a los más pobres. 

jueves, 3 de mayo de 2012

Santa Cruz Barillas: Donde se desayuna con el periódico del día anterior


¿Alguien puede, con certeza, explicar que ha sucedido las últimas 48 horas en Santa Cruz Barillas, Huehuetenango? ¿Por qué una población civil decide (y se atreve) atacar un destacamento militar?

Estas son preguntas sin respuestas para este momento. Los últimos reportes oficiales de las autoridades dan cuenta de que entre las capturas hay una anciana de 74 años y otra mujer de 42. ¿Son ellas un riesgo para la seguridad del país? ¿Era necesario un Estado de Sitio para capturarlas?

Barillas siempre me remite a una anécdota de la primera vez que lo visite. Estaba desayunando a media cuadra del parque cuando un niño pasó vendiendo Prensa Libre. Me paré y llamé al niño y le pedí el diario. Me entregó, a las 8 de la mañana, el del día anterior. Yo, que al final por más que conozca muchas aldeas sigo siendo un capitalino torpe, se lo devolví y le dije: “No, dame el de hoy”. El patojo me dedicó una de las miradas de mayor desprecio que recuerdo y me contestó con mucha ironía: “¿Cómo querés la prensa de hoy si viene hasta las 4 de la tarde?”

Ese es el municipio que hoy dormirá, por segunda noche, con una presencia casi sin precedentes de policías y elementos del Ejército. Y es del lugar donde nacen estas preguntas sin respuesta. Sin embargo, la razón de no poder responder estas preguntas es mucho más profunda. Durante años los sucesos en el interior del país son vistos desde la Ciudad Capital con un aire de distancia demasiado grande para provocar interés significativo y de esto, mucha, si no es que toda, culpa la tienen los medios de comunicación.

Para un país con 22 departamentos debería ser indispensable contar con, al menos, un noticiero de alcance nacional con sede en el Interior del país, aún cuando fuera en una de las cabeceras. La visión desde aquellos lugares difiere mucho de la capitalina.

Contar con esas voces, diferentes del discurso mediático urbano sería un primer síntoma de democracia de la información. Pero no, no existe. Y eso nos lleva de nuevo a un Santa Cruz Barillas que vive bajo una disposición prevista para otros tiempos, para tiempos de guerra.

Barillas queda al norte del país, es la Guatemala Profunda. Se deben recorrer al menos 14 horas en carro para llegar, siempre que no llueva. Antes de llegar, se pueden empezar a sintonizar estaciones radiales mexicanas y a los túmulos empiezan a llamarlos "topes".  Es un pueblo que duerme después de Los Cuchumatanes.

Y allá explotó, eso es lo poco que sabemos hasta hora, una revuelta contra una persona que vendió sus terrenos para construir una hidroeléctrica. La ausencia de periodistas en la región, (la cabecera departamental donde si hay noticieros locales está a cerca de 6 horas de camino) nos deja sin una versión confiable de lo que sucedió.

Según las autoridades, esta es la versión oficial, decenas de campesinos asaltaron el destacamento militar, secuestraron soldados y robaron armas. El saldo es que la persona fallecida y los heridos los pusieron los pobladores, no el Ejército. Algo, al menos a mí, no me parece lógico en esta historia.

Con el Estado de Sitio ya rigiendo todo se vuelve aún más complicado para los reporteros de Huehuetenango y de la Ciudad que están llegando hoy al lugar. Barillas no cuenta con una gran infraestructura de hoteles. Además, seguramente enfrentarán problemas importantes para poder transmitir desde aquel lugar.

Por último, regreso a la necesidad de la democratización de la información. Los noticieros, con contadas excepciones, ven la información de sus corresponsales departamentales como un relleno informativo. Le dedican un espacio de un par de minutos en el penúltimo bloque para dar una apariencia de que tienen alcance nacional. Sin embargo, solo voltean a ver a un municipio cuando ocurre una revuelta, muere alguien importante o el río se llevo varias casas de una de sus aldeas.

Sólo entonces se dan cuenta de la necesidad de apoyar a sus periodistas departamentales, de brindarles mejores condiciones de trabajo, de la necesidad de pagarles bien, de darles un sueldo decente y no que tengan que hacer hasta 20 notas para ganarse Q2 mil.

Sí los medios de comunicación no cambien esa forma de ver lo que sucede en los departamentos ocurrirán de nuevo conflictos tan grandes como estos que dejan un poblador muerto y ancianas capturadas, mientras que Gobierno y empresas se ponen de acuerdo para brindar un mismo discurso que termina en que la gente que defiende sus derechos en pueblos perdidos del mundo son terroristas. 

lunes, 9 de abril de 2012

El mar, ese desconocido

No recuerdo cuando conocí el mar. Supongo que estaba muy pequeño. Ni siquiera tengo idea de quien me llevo por primera vez. Es, tal vez, que a diferencia de mucha otra gente nunca he sentido una especial atracción hacia él.

Es diferente, por ejemplo, cuando conocí la selva. O más bien, cuando la escuche por primera vez. Será para mi imposible olvidarla y muchas noches escucho en mis sueños sus sonidos al atardecer. Esplendorosa, inmensa, hermosa. Pero con el mar no me sucede.

Mi sobrina, de 14 meses de nacida lo conoció el jueves. Al mar, digo. Se le llenaron los ojos al verlo. Abrió los brazos asustada y luego emocionada. Hasta ese día no había visto esa expresión en su carita. Sin embargo, al tocar la arena todo cambio y el desastre fue cuando el agua, muy fría por cierto, la toco. Rompió a llorar.

Algo similar me ha ocurrido en los últimos meses. Los ojos llenos ante la inmensidad, los brazos abiertos de susto y emoción. Y ahora mismo, aunque solo por momentos, la misma sensación al tocar la arena y sentir el agua.

El reto de dejar todo atrás para respetarse a si mismo, y en lo que uno cree, es complicado y solitario. Por mucho que todo un grupo de amigos este viviendo lo mismo para nadie es igual. Cada quien vive su soledad, y asume su reto, de manera diferente.

Y no me quejo, para nada. La mejor decisión que he tomado en mucho tiempo fue precisamente enfrentarme a este mar desconocido, tan inmenso e imprevisible como el que mi sobrina conoció.

Al final de cuentas esto de vivir siempre ante un reto que parece, siempre, infranqueable no es nuevo, ni es un asunto único. Guatemala vive siempre así, sobre todo en el interior de la república.

Y me pareció más en Semana Santa. Tenía más de tres meses de no viajar a algún departamento. Me encontré con la farsa del verano, mucha gente visitando todos los lugares, en medio de la pobreza de siempre. Sufriendo, inclusive, la pobreza de siempre.

Siempre parecen los guatemaltecos tan próximos a por fin enfrentarse a sus temores, a crecer. Pero en cuanto ese temor les toca los pies se asustan. Y lo que es peor, atacan y gritan contra los que se atreven a levantarse contra el sistema.

Y cuando digo a esos levantados, al menos en alguna manera, contra el sistema pienso en los campesinos de la marcha de hace 15 días que sucedió en Guatemala, un país donde pasa de todo, sin que nunca pase nada. Los campesinos, de la capital, solo se llevaron los insultos racistas de los capitalinos ignorantes. Ahh sí, y también algunas promesas, calificadas de secretas por el Gobierno. Esto, me imagino, porque es más fácil incumplir promesas cuando poca gente las conoce.

Regreso a la sonrisa de mi sobrina. En el fondo se que le gustó el mar. Antes de irnos quiso regresar a la orilla. Se que a mi me gusta, aunque a veces me asuste, el nuevo reto que enfrento, este reto de no saber el futuro.

Espero que Guatemala, algún día le de por enfrentar sus retos (y le guste), y cumplirlos, como cumplieron sus cientos de kilómetros los campesinos. Sobre todo a los capitalinos de visión tan corta que aplauden con entusiasmo un plan caro, sin pies ni cabeza, que consiste en ir a vivir una noche con una familia que se muere de hambre, pero cuando esa misma familia vino a la capital les llamaron “indios huevones”.